Tema 2 Vida y características de los grupos

Antes de continuar avanzando en el rol de las personas facilitadoras de los procesos de participación grupal es importante reflexionar un poco sobre la vida y características de los grupos humanos.

Los grupos, como las personas, tienen su propia vida, sus dinámicas y sus procesos. Como personas facilitadoras o dinamizadoras de la participación grupal es muy importante conocer los procesos y vida de los grupos para tenerlos en cuenta a la hora de plantear los objetivos y las metodologías que nos marcamos con el mismo, en definitiva, para ajustar la acción e intervención a las características del grupo y a su momento en cuestión.

Existen varias formas de analizar y definir la vida de los grupos según diversos autores. Aquí seguiremos la metáfora de las “etapas vitales” para extraer paralelismos con las etapas que atraviesan el grupo y encontrar claves para trabajar en cada una de ellas, reforzando el proceso de crecimiento grupal. A continuación se muestran las etapas vitales de los grupos:

  • Etapa bebé: en esta etapa inicial, el grupo no tiene aún una estructura. Surgen múltiples interrogantes, cada persona está tanteando al resto y valorando la conveniencia de unirse al grupo. No hay vínculos afectivos entre las personas y existen dudas sobre la utilidad del espacio.
  • Etapa infantil: es el momento en el que se van fijando, poco a poco, roles en el grupo. Además, las expectativas iniciales con las que la gente llegó se van contrastando con lo que se encuentran. El grupo va estableciendo normas de funcionamiento, mecanismos para tomar decisiones y gestionar los posibles conflictos y van aprendiendo a trabajar conjuntamente. Se van estableciendo también los primeros afectos.
  • Etapa adolescente: es el momento del estallido afectivo, de la cohesión grupal, y del desplazamiento de la tarea del grupo a un segundo lugar. También son características de este momento una comunicación más abierta, la creación de un lenguaje común y la posible aparición de conflictos. Se van consolidando así mismo los roles y liderazgos dentro del grupo. El grupo va cogiendo algo más de autonomía respecto al técnico o persona facilitadora.
  • Etapa madurez: es la etapa de mayor cohesión e identidad grupal. Se suele establecer un equilibrio entre los afectos y la tarea, y el grupo llega a su momento de máxima eficacia. Aquí el grupo ya tiene fijadas normas y mecanismos de funcionamiento, y regulación de conflictos, y alcanza cotas altas de autonomía en su funcionamiento.
  • Cierre: a menudo se trabaja en proyectos que tienen un final, y con él, el del grupo. Es importante saber dar un buen final a los procesos como se merecen. Un final con fuerte carácter afectivo y festivo, ayudará a fijar mucho más lo trabajado. En un buen cierre es fundamental que las personas sean conscientes de los logros alcanzados.

 

Estas etapas descritas no son algo estanco ni lineal, es decir, un grupo puede transitar entre una y otra, volver hacia una anterior, quedarse estancado en una o mezclar características de diferentes etapas en un momento. Lo importante es observar a ese grupo para poder identificar rasgos útiles para intervenir en cada fase del proceso, acompañar su evolución y el cumplimento de los objetivos que se hayan marcado.